LA ÚLTIMA TARDE

Y cuando me desperté estaba en Medio Oriente, alarmado por los ruidos de los aviones y la guerra, rodeado de soldados que intentaban salvarme de Mí, que durante demasiado tiempo fui mucho más que mi peor enemigo. Y los miré en silencio, como si pudiera explicarles el momento, hasta que un ruido seguido por una refulgencia interrumpió la situación y nos obligó a escondernos.


Me incorporé nuevamente en la casa de Josefina, y caminé dando tumbos hasta la cocina, embriagado por el aroma a canela y chocolate. Si hay algo que siempre recuerdo de mi abuela es su aversión a la cocina, y la consecuente horda de mujeres que mantenían el esplendor de su vida. En tan sólo unos minutos quedé inundado entre el batallón auxiliar, soldadas entrenadas para cumplir con su misión. Y se hizo el silencio. El silencio de dos días previo a La Navidad. Un grito ahogado en la serenidad de la tarde, y un cruel malón de personas corriendo por todos lados, devastados pidiendo un poco de aire por la muerte de su general.

*Labels: Asuntos Familiares






































